Publication: Documento de consenso sobre estilo de vida saludable
Authors
Abellán Alemán, José ; Abellán Huerta, José ; Castilla Guerra, Luis ; Crespo Sabarís, Rafael ; Escribano Pardo, Daniel ; Fuentes Jiménez, Francisco José ; García Romanos, Fernando ; Gómez Martínez, Jesús ; Martínez García, Fernando ; Navarro Zaragoza, Javier ; Nieto Iglesias, Javier ; Paz Bermejo, Marco Antonio ; Pobes Martínez de Salinas, Alfonso ; Sánchez-Rubio Lezcano, Pablo ; Abad Cardiel, María ; Armario García, Pedro ; María V. Bonilla Hernández, María V. ; Caelles Franch, Neus ; Castro Alonso, Cristina ; Ciscar Fernández, Pascual ; Compañ Bertomeu, Álvaro ; De Andrés Dirube, Antonieta ; Escudero Quesada, Verónica ; Fernández Fresnedo, Gema ; Fuentes Senise, Carlos ; García Donaire, José Antonio ; Guerrero Alonso, Paula ; Guinea Castañares, Javier ; Iturralde Iriso, Jesús ; López Lanchares, Óscar ; Martín Penagos, Luis ; Martínez Rodríguez, Marisa ; Ortín Ortín, Enrique ; Palomo del Arco, Jesús ; Relinque Mora, Víctor ; Robles Pérez-Monteoliva, Nicolás Roberto ; Roig Marín-Yaseli, Margot ; Villoria Díez, Fernando ; Villanueva Valle, Ángeles
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Publisher
Arán Ediciones SL
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DOI
10.20960/nh.06578.
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info:eu-repo/semantics/article
Description
Abstract
Las proteínas son un grupo de macronutrientes vitales en nuestras vidas, pues realizan distintas funciones, entre las que destacan la estructural, la defensiva o la catalítica. Un aporte de 1,0-1,2 g/kg/ peso al día sería suficiente para cubrir nuestras necesidades. Los requerimientos de carbohidratos constituyen un 50 % del valor calórico total y deben obtenerse en su mayoría en forma de hidratos de carbono complejos. Además, se necesita un aporte diario de fibra, tanto soluble como insoluble. El consumo regular de aceite de oliva virgen extra es una estrategia eficaz para la prevención de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y
neurodegenerativas. Su inclusión en la dieta mediterránea fortalece su efecto protector, posicionándolo como un alimento clave en la promoción de la salud. Se recomienda su consumo diario en sustitución de grasas saturadas y procesadas para maximizar sus beneficios. La sal está involucrada en el control y en la intensidad de la hipertensión arterial, del daño renal en forma de excreción urinaria de albúmina alterada y de lesiones en otros órganos diana, sobre todo en pacientes sensibles a la sal. El potasio produce descenso de la presión arterial a través de su efecto vasodilatador y natriurético, lo que reduce eventos y mortalidad. El consumo de bebidas con contenido alcohólico en general es perjudicial para la salud, aunque sí se ha visto una cierta protección del desarrollo de infarto agudo de miocardio asociado a consumos bajos y con un patrón de ingesta en las comidas y a partir de la edad media de la vida. La recomendación de abstinencia total es fundamental entre la población juvenil. Entre los bebedores de más de 50 años su consumo debería limitarse a una UBE al día (10 g de alcohol) en las mujeres y hasta dos en los varones. El consumo moderado de café (hasta 3-5 tazas al día) es recomendable desde el punto de vista cardiovascular, pues ha mostrado efectos antioxidantes y antiinflamatorios, lo que se asocia con un menor riesgo de presentar arritmias y enfermedades cardiovasculares, incluyendo infarto de miocardio e ictus, respecto a no consumirlo. Para obtener este beneficio su consumo ha de ser por la mañana. El chocolate actúa como antioxidante y antiinflamatorio, lo que produce mejoría en la función endotelial, la presión arterial, el perfil lipídico y la función plaquetaria. Consumido en exceso puede tener efectos negativos a varios niveles, como exceso de peso, efecto estimulante y consumo de azúcares añadidos. Las dietas de tipo mediterráneo, con sus variantes (DASH, atlántica y nórdica), han demostrado beneficios cardiovasculares y abogan por un consumo moderado y equilibrado de alimentos y coinciden en favorecer el uso de alimentos frescos, de temporada y locales, evitando grasas saturadas, productos refinados y procesados y bebidas azucaradas. Las dietas vegetarianas o veganas y las de ayuno intermitente han demostrado beneficios cardiovasculares, pero pueden conducir a déficits de nutrientes o representar riesgos en el embarazo, en la lactancia, en el crecimiento o en pacientes con diabetes, por lo que deberían contar con el asesoramiento de profesionales. El ejercicio físico conlleva enormes beneficios para la salud individual y colectiva. El ejercicio regular se asocia con menores tasas de enfermedad cardiovascular, de diabetes de tipo 2, de síndrome metabólico, de algunos cánceres, de depresión y de deterioro cognitivo. Deben alcanzarse o duplicarse las recomendaciones mínimas de ejercicio físico (150 min/semana) Las relaciones sociales son determinantes claves de la salud. El individuo es un agente social capaz de modificar normas y comportamientos en su entorno. Resultan fundamentales el apoyo familiar y el de pareja y las interacciones interpersonales en el desarrollo de competencias emocionales, de resiliencia y de autocuidado. El descanso nocturno adecuado es fundamental para mantener una buena salud física y psíquica. La detección precoz de los trastornos del sueño y su tratamiento puede mejorar la calidad de vida del paciente y evitar enfermedades cardiovasculares, metabólicas, oncológicas y psiquiátricas. Las conductas adictivas repercuten en la salud cardiovascular de quienes las padecen. La medicina de estilo de vida saludable es un instrumento primordial, no solo para tratar estas patologías, sino para prevenirlas. La salud sexual y reproductiva está muy estrechamente vinculada al riesgo cardiovascular. La hipertensión, la diabetes, la obesidad, la dislipemia, el tabaquismo y el estrés afectan negativamente tanto a la fertilidad como a la función sexual, pero también la edad avanzada reduce la fertilidad, y la obesidad y el tabaco agravan los riesgos reproductivos y cardiovasculares. La terapia de fertilidad, en general, no ha demostrado incrementar el riesgo cardiovascular a largo plazo, aunque puede aumentar complicaciones a corto plazo. Algunos fármacos para enfermedades cardiovasculares pueden afectar tanto a la función sexual como a la reproductiva. El estrés crónico puede actuar como desencadenante y amplificador de procesos cardiovasculares subyacentes. Los efectos deletéreos del estrés se potencian si coexisten con otros factores de riesgo, como sedentarismo, mala calidad del sueño o aislamiento social. Conviene identificar si el estrés proviene del ámbito laboral, familiar o económico. Para controlarlo deben aplicarse técnicas de relajación, debe promoverse la práctica de ejercicio físico estructurado, favorecerse el apoyo social, mantenerse una adecuada higiene del sueño y deben establecerse límites y priorizarse tareas. La contaminación ambiental representa uno de los principales riesgos ambientales para la salud humana, con especial repercusión en el sistema cardiovascular. Los contaminantes atmosféricos incluyen partículas y gases que, en función de su composición y tamaño, pueden penetrar profundamente en el organismo. Las partículas finas (PM2,5) y ultrafinas (PM0,1) son especialmente peligrosas por su capacidad para inducir inflamación sistémica, estrés oxidativo y disfunción endotelial.
publication.page.subject
Estilo de vida , Alimentación , Ejercicio físico , Sueño , Alcohol , Tabaco , Estrés , Contaminación
Citation
Abellán Alemán J. Documento de consenso sobre estilo de vida saludable [Consensus document on healthy lifestyles]. Nutr Hosp. 2026 Feb 5;43(Spec No1):1-166. Spanish. doi: 10.20960/nh.06578.
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