Azufre rojo 2014, n. 1
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- PublicationOpen AccessLa tierra del olivo: polaridades Oriente-Occidente según IbnʿArabī(Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones., 2014) Hirtenstein, Stephen; Sin departamento asociadoEl gran mito de la fundación de Atenas al amparo de la diosa Atenea gira en torno al olivo milagroso. Es preciso ser conscientes de su importancia práctica en el mundo antiguo, medieval y moderno, para entender su poderoso significado metafórico. En el presente trabajo trataremos de estudiar dos conceptos clave contenidos en el título de la conferencia: Oriente y Occidente; la forma en que Ibn ʿArabī concibe este antagonismo y cómo podría superarse desde la imagen del “árbol bendito, un olivo, que no es del Oriente ni del Occidente, y cuyo aceite casi alumbra aun sin haber sido tocado por el fuego98.”
- PublicationOpen AccessYūsuf (José) en el universo imaginal de IbnʿArabī(Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones., 2014) Puerta Vílchez, José MiguelSi el paradigma profético cumple una función determinante en la construcción del edificio hermenéutico de Ibn ʿArabī (1165-1240), sobre todo los profetas Adán y Muhammad, con quienes se inaugura y cierra la realización del Ser Humano Perfecto, es evidente también que, entre todos los demás profetas, la figura de Yūsuf fascinó al gran místico murciano de una manera especial, debido a su directa relación simbólica con la Belleza y la Imaginación, dos conceptos fundamentales del pensamiento akbarí. La doble belleza física y espiritual de Yūsuf, junto con su inocencia, humillación y encarcelamiento, más su condición de iluminado intérprete de los sueños y conocedor de los símbolos del Mundo Imaginal, sitúan a este profeta en el eje de la aventura exegética, poética y de febril re-escritura del yo y del Mundo emprendida por Ibn ʿArabī. Podría decirse, incluso, que entre el Hijo de Platón, como se llamó también al Šayḫ al-Akbar, y el Hijo de Yaʿqūb, el profeta Yūsuf, aflora un interesante paralelismo, que parece ir más allá de la mera coincidencia: padecimiento de cárcel durante la juventud, elevación existencial a través de la plena purificación interior, perpetuo tránsito por el espacio físico y por el universo de las imágenes, ejercicio -también por parte de Ibn ʿArabī- de la interpretación de las visiones oníricas y de los símbolos del Mundo, y emulación, en fin, del poder de Yūsuf para vislumbrar lo oculto.
- PublicationOpen AccessLa audición mística o samā en IbnʿArabī y otros autores sufies(Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones., 2014) Delclòs Casas, Jordi; Sin departamento asociadoEl término samāʿ significa literalmente 'audición'. Su significación primera debe entenderse sin embargo en términos de una audición absoluta (samāʿ muṭlaq) no conectada todavía con ninguna idea de música, pues la audición mística propiamente musical es, según los autores sufíes, una subclase de esta especie más amplia de audición. Ibn ʿArabī hace remontar este sentido de escucha del término samāʿ a la escucha original que el mundo hace ante el verbo divino; así, el samāʿ es la “acción del cálamo divino escribiendo sobre el libro de la existencia”. La cosmogonía del Islam perpetúa, por tanto, la tradición abrahámica de la creación por el Verbo. Una aleya ampliamente citada establece esta relación entre la orden existenciadora y la escucha por parte del mundo: “Su orden, cuando quiere algo, es decirle tan sólo: ‘¡Sé!’ Y es”. El creativo “Sé” (Kun) de Dios deviene así el “decir” en la forma cósmica, mientras que el mundo es el que “escucha” (wa-l-samāʿ min al-ʿālam). Esto también es nombrado como al-samāʿ al-kawnī, queriendo decir al-kawnī “perteneciente a la existencia”, o bien, “perteneciente al mundo o universo”. Este al-samāʿ al-kawnī contrasta con al-qawl al-ilāhī, o el Habla (Verbo) divina. Y es función del ser humano actuar de hermeneuta de los signos divinos leyendo-escuchando el verbo divino en “los horizontes y en sus propias personas”, es decir, en los lugares donde se manifiestan los signos, que son el mundo natural, las propias personas y el Corán o los libros revelados. Esta función se enmarca, pues, dentro de este esquema cósmico más amplio, donde el mundo creado es el mensaje de Dios a nosotros, y nosotros somos oyentes de Su decir existencial
- PublicationOpen AccessIbnʿArabī: el viaje exterior y el viaje interior(Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones., 2014) Mora Zahonero, Fernando; Sin departamento asociadoMurciano de nacimiento y sevillano de adopción -puesto que en esta última ciudad vivió desde los siete años hasta que abandonó, a la edad de treinta y seis, definitivamente al- Ándalus-, Muḥammad ibn ʿAlī ibn al-ʿArabī al-Ṭāʾī al-Ḥātimī, también conocido como al-Šayḫ al-Akbar («El más grande maestro») y Muḥyiddīn («Vivificador de la religión»), vino al mundo el 17 de Ramadán del año 560 de la era islámica, correspondiente al 28 de julio del año 1165 de la cristiana. Siempre firmaba sus obras con el sobrenombre de «el Andalusí», poniendo de relieve el profundo respeto que le producía su ascendencia cultural. El motivo de su temprano traslado a Sevilla fue que el padre comenzó a trabajar en la administración del floreciente régimen almohade que, por aquel entonces, gobernaba buena parte de al-Ándalus y del norte de África. Es precisamente el año del traslado a Sevilla de la familia de Ibn ʿArabī (es decir, el 568/1172), el elegido por el sultán almohade Abū Yaʿqūb Yūsuf para convertir a la ciudad hispalense en capital de su imperio.
- PublicationOpen AccessEl Círculo Inclusivo(Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones., 2014) Twinch, Cecilia; Sin departamento asociadoCuantos hayan observado el cielo un día despejado, navegado por el ancho piélago o ascendido a una alta cumbre se habrán dado cuenta de que el horizonte es curvo. Sin duda habrán observado cómo la órbita del astro rey se eleva desde levante, alcanza su cenit y desciende por el poniente; habrán contemplado la arqueada bóveda celeste inundada de estrellas en la noche y se habrán dado cuenta de que se encuentran justo en el centro, en el único punto invisible para el observador. Esta experiencia, similar para cuantos se asoman al universo, ilustra a las mil maravillas cómo cada uno de nosotros ocupa un lugar cardinal en el curso de los acontecimientos. Así, cada uno de nosotros mantiene con lo real una conexión directa que pudiéramos comparar al modo en que la trayectoria solar nos toca tras atravesar las aguas. Si, en ese preciso instante, nos volcamos hacia el interior -hacia el inasible centro de nuestro ser que es el corazón- y observamos lo que en él sucede, sólo entonces podremos trabar contacto con la fuente de nuestro ser, que constituye a la vez el omnipresente y adimensional punto de retorno.